Nada será más triste
que tus palabras
determinadas a olvidarme.
Está bien.
Olvidémosnos!
Callemos el corazón,
la pasión,
la ternura.
Es el precio que pagamos
para huir de la tortura
del desentendimiento.
Enterremos los labios,
la piel,
las manos.
Así, tal vez
algún día,
podamos mirar para atrás
sin llorar.
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